Por Carmen Sánchez Molina
Cuando más nos necesitamos, a menudo es cuando peor nos tratamos. Nos juzgamos, nos exigimos, nos olvidamos. Hoy quiero compartir contigo cinco pasos sencillos que me ayudaron a dejar de exigirme tanto y a empezar a acompañarme con amor.
He aprendido que los momentos difíciles no se vencen con dureza, sino con ternura. Que cuando todo duele por dentro, lo último que necesitamos es seguir golpeándonos con pensamientos que nos hieren aún más. Pero nos cuesta. Nos cuesta mirar con cariño a esa parte de nosotros que se siente rota, cansada o perdida.
Yo también me exigí ser fuerte cuando lo único que necesitaba era abrazarme. Me culpé por caer. Me juzgué por no saber. Hasta que un día, en medio de un silencio profundo, entendí que la salida no era “hacer más”, sino ser más amable conmigo.
Y así descubrí el poder de la autocompasión: no como lástima, sino como una forma de estar conmigo misma, con presencia y sin juicio. Aquí te comparto cinco pasos que a mí me ayudaron. Quizá también te sirvan a ti.
1. Detente y respira
El primer paso para ser compasiva contigo es parar. Detente un momento. Cierra los ojos. Lleva una mano al pecho. Respira hondo. Solo eso. Respira como quien se da permiso para existir sin tener que hacerlo todo bien.
2. Reconoce lo que sientes, sin maquillarlo
La autocompasión empieza por la verdad. ¿Sientes tristeza? ¿Rabia? ¿Miedo? No lo disimules, no lo juzgues. Nómbralo con suavidad. Estás viviendo algo difícil. Reconocerlo no te hace débil, te hace humana.
3. Habla contigo como hablarías a quien más amas
Pregúntate: ¿Le dirías a tu hija, tu mejor amiga o tu madre lo que te estás diciendo a ti misma ahora? ¿Le exigirías perfección en medio del caos? No. Entonces cámbialo. Habla contigo con ternura, con cuidado, con respeto. Mereces ese mismo amor.
4. Recuerda: no estás sola
El sufrimiento nos hace sentir aisladas. Pero todos —todos— atravesamos momentos oscuros. La autocompasión no significa encerrarse en el dolor, sino reconocer que forma parte de la experiencia humana. No eres la única que se siente así. Y eso, aunque sea pequeño, reconforta.
5. Elige una pequeña acción de autocuidado
La autocompasión no se queda en las palabras: también se expresa en lo que haces. ¿Qué puedes hacer hoy por ti? Algo sencillo: escribir, darte un baño, pedir ayuda, apagar el móvil una hora, llorar sin culpa. Un gesto que te diga: “Me importo.”
Quizá la vida hoy te pida más de lo que puedes dar. Quizá sientes que te estás rompiendo en pedazos. No lo ignores. Pero tampoco te abandones. Estás a tiempo de elegir un camino distinto: el del amor hacia ti.
Y si necesitas compañía en ese camino, te invito a que te quedes cerca. En cada palabra que comparto hay un trocito de ese proceso, y una mano tendida que te dice: “Lo estás haciendo mejor de lo que crees.”