Cómo encontrar paz en los momentos de incertidumbre

Por Carmen Sánchez Molina

Cuando todo se tambalea y la incertidumbre lo cubre todo, el alma pide ser escuchada. Mediante estas líneas, te invito a un encuentro íntimo contigo misma, donde aprenderás que la paz no se busca fuera… se encuentra dentro.

A veces, la vida nos sacude sin previo aviso. Todo lo que dábamos por seguro se desdibuja, y entonces aparece la incertidumbre, esa sombra silenciosa que se desliza dentro de nosotros sin pedir permiso. Nos mira de frente, nos atraviesa… y, de repente, el suelo que pisábamos firme se convierte en un terreno resbaladizo. Sentimos miedo, desorientación, incluso un vacío tan profundo que cuesta llenar con palabras.

En esos momentos, cuando el mundo parece detenido y el futuro es solo una niebla espesa, el corazón busca respuestas, el alma grita… y el cuerpo calla. Y ahí comienza un viaje interior que, aunque no lo sepamos al principio, puede transformarlo todo.

Yo también he estado ahí. Me he sentido confundida, sin rumbo, con el pecho encogido por preguntas sin respuesta. ¿Qué hacer cuando ya no sabemos hacia dónde caminar? ¿Cómo encontrar calma cuando lo que antes nos sostenía ha dejado de estar?

Con el tiempo aprendí —y aún sigo aprendiendo— que la paz no es un lugar al que se llega, sino un estado que se cultiva dentro. Porque la incertidumbre no viene a destruirnos. Viene a enseñarnos. A mostrarnos qué partes de nosotras necesitan ser vistas, cuidadas, sanadas.

A veces buscamos fuera lo que solo puede brotar desde dentro. Y eso, aunque duela, es una bendición disfrazada de caos. Porque cuando el alma golpea, cuando clama ser escuchada, es porque está despertando. Está pidiendo volver a casa.

Para mí, la paz comenzó en el instante en el que dejé de luchar contra lo que sentía. Cuando, en medio de la tormenta, decidí quedarme conmigo misma y escuchar en silencio lo que mi interior tenía que decirme. No fue fácil. No lo es. Pero en ese acto de presencia, de aceptación, comenzó a nacer una nueva fuerza: la resiliencia.

Y entonces entendí que la calma no siempre es ausencia de ruido. A veces es simplemente dejar de huir. Respirar aunque el aire pese. Abrazarse en medio del temblor. Decirse con amor: “Estoy aquí, y eso basta por hoy”.

Si tú también estás viviendo un momento incierto, si tu alma también susurra o grita en medio del silencio, déjame decirte que no estás sola. Que este viaje lo compartimos muchas almas despiertas que, alguna vez, también pensaron que no encontrarían salida.

Hoy te invito a comenzar ese camino hacia dentro. A hacer de tu vulnerabilidad una aliada. A escuchar tu “Yo” más auténtico y amoroso. Porque ahí, justo ahí, donde más duele, también puede empezar tu renacer.

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