Escribir como forma de sanar el Alma

Por Carmen Sánchez Molina

A veces, no sabemos cómo sacar lo que pesa. No encontramos palabras para el dolor. Pero cuando escribimos —aunque sea con lágrimas— algo dentro comienza a ordenarse. Escribir no lo cura todo… pero puede comenzar a sanar.

Nunca pensé que escribir me salvaría. Que las palabras, una a una, como pétalos cayendo desde lo más profundo de mi ser, me ayudarían a escucharme, a perdonarme, a abrazar esas partes que durante tanto tiempo escondí.

La escritura llegó a mí como un susurro. Como una necesidad, más que como una elección. En los momentos de mayor oscuridad, cuando me sentía desconectada del mundo, atrapada en pensamientos densos, escribir fue el único modo que encontré de sostenerme.

Al principio no sabía qué escribir. Solo sabía que dolía. Y entonces empecé: con frases sueltas, con preguntas, con gritos mudos plasmados sobre el papel. Y poco a poco, lo que parecía caos empezó a tomar forma. Mi voz se abría paso entre los silencios.

Me di cuenta de que escribir no es solo poner en orden las ideas. Es abrir una rendija en el alma para que respire. Es sentarse con una misma, sin juicio, sin prisas, y permitirse decir lo que duele, lo que asusta, lo que no se ha contado nunca.

Hay dolores que solo el papel puede escuchar sin interrumpir.

Con el tiempo entendí que no escribía para otros. Escribía para mí. Para encontrarme. Para volver a casa. Para darle espacio a ese “Yo” que durante años susurró en voz baja, esperando que lo mirara con ternura.

El Alma golpea nació así: desde la necesidad de sanar. Desde la urgencia de recordar lo que había olvidado de mí misma. Escribir este libro fue llorar, recordar, vaciar y también reír. Fue un camino de liberación, de reencuentro. Un proceso íntimo en el que la palabra se convirtió en refugio, en medicina, en milagro.

Si estás en medio de un proceso doloroso, o simplemente sientes que algo dentro de ti pide ser escuchado, te invito a escribir. No importa cómo empieces. No importa si rimas, si te repites o si no sabes “hacerlo bien”. Porque cuando escribes desde el alma, no hay forma incorrecta.

Escribe para ti. Para tu niña interior. Para tu “Yo” cansado de callar. Escribe para soltar, para comprender, para amar.

Y si quieres acompañarme en este viaje, te invito a leer El Alma golpea. Porque en cada página no solo encontrarás mi historia, sino quizás un reflejo de la tuya.

¡Suscríbete a mi blog!